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Mostrando entradas de noviembre, 2018

La mano de Guy de Maupassant

Nos arremolinábamos alrededor de Monsieur Bermutier, juez de instrucción, quien expresaba su parecer sobre el enigmático asunto de Saint-Cloud. Desde hacía un mes, este inexplicable crimen tenía soliviantado a París. Nadie entendía nada. Monsieur Bermutier, de pie y de espaldas a la chimenea, hablaba, reunía pruebas, discutía las distintas opiniones, pero no concluía nada. Varias damas se habían levantado para acercarse y permanecían de pie, con la mirada fija en la rasurada boca del magistrado, de la que emanaban las solemnes palabras. Se estremecían, temblaban, crispadas por una curiosidad temerosa, por una ávida e insaciable necesidad de espanto que aherrojaba sus almas y las retorcía de hambre. Una de ellas, más pálida que las demás, quiebra el silencio: —Es horrible. Esto raya en lo “sobrenatural”. Nunca se sabrá nada. El magistrado se volvió hacia ella: —Sí, Madame. Es probable que nunca sepamos nada. En cuanto al término “sobrenatural” que acaba de pronunciar, ...

Harlan Ellison

Harlan Ellison (1934-2018) ⤎ ⤏ Harlan Ellison fue un escritor de literatura fantástica, terror y ciencia ficción con más de 1700 trabajos publicados entre novelas, relatos, ensayos, cine y televisión y publicaciones en los medios impresos.  Ellison ganó numerosos premios, entre ellos varios como:  Hugos ,  Nébula  y  Edgar . Entre sus mejores trabajos se incluyen el episodio de  Star Trek  « La ciudad al fin de la eternidad »,  Un muchacho y su perro ,  No tengo boca y debo gritar  y  ¡Arrepiéntete, Arlequín!, dijo el señor Tic-tac . Nacido en  Cleveland ,  Ohio , E.E.U.U. 

¡Arrepiéntete, Arlequín!, dijo el señor Tic Tac de Harlan Ellison

Autor ilustración: Steranko Nunca falta quien pregunta: ¿De qué se trata? Para los que siempre necesitan preguntar, para aquellos a quienes siempre hay que decir las cosas con todas las letras, y que necesitan saber «dónde posan los pies», va esto: La mayoría de los hombres sirve al estado, no como hombres principalmente, sino como máquinas: con sus cuerpos. Son el ejército en pie, las milicias, los celadores, los policías, las fuerzas de la ley. En muchos casos, no hay ningún ejercicio libre del juicio, o del sentido moral; estos hombres se ponen al mismo nivel que la madera, la tierra y las piedras; acaso tal vez puedan fabricarse hombres de madera que sirvan a los mismos fines. No inspiran más respeto que un títere o que un trozo de tierra. Su valor es igual al de los perros o los caballos. Sin embargo, se les suele considerar buenos ciudadanos. Otros —en su mayoría legisladores, políticos, juristas, ministros y funcionarios— sirven al estado principalmente con su mente...