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La mano de Guy de Maupassant

Nos arremolinábamos alrededor de Monsieur Bermutier, juez de instrucción, quien expresaba su parecer sobre el enigmático asunto de Saint-Cloud. Desde hacía un mes, este inexplicable crimen tenía soliviantado a París. Nadie entendía nada. Monsieur Bermutier, de pie y de espaldas a la chimenea, hablaba, reunía pruebas, discutía las distintas opiniones, pero no concluía nada. Varias damas se habían levantado para acercarse y permanecían de pie, con la mirada fija en la rasurada boca del magistrado, de la que emanaban las solemnes palabras. Se estremecían, temblaban, crispadas por una curiosidad temerosa, por una ávida e insaciable necesidad de espanto que aherrojaba sus almas y las retorcía de hambre. Una de ellas, más pálida que las demás, quiebra el silencio: —Es horrible. Esto raya en lo “sobrenatural”. Nunca se sabrá nada. El magistrado se volvió hacia ella: —Sí, Madame. Es probable que nunca sepamos nada. En cuanto al término “sobrenatural” que acaba de pronunciar, ...
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Harlan Ellison

Harlan Ellison (1934-2018) ⤎ ⤏ Harlan Ellison fue un escritor de literatura fantástica, terror y ciencia ficción con más de 1700 trabajos publicados entre novelas, relatos, ensayos, cine y televisión y publicaciones en los medios impresos.  Ellison ganó numerosos premios, entre ellos varios como:  Hugos ,  Nébula  y  Edgar . Entre sus mejores trabajos se incluyen el episodio de  Star Trek  « La ciudad al fin de la eternidad »,  Un muchacho y su perro ,  No tengo boca y debo gritar  y  ¡Arrepiéntete, Arlequín!, dijo el señor Tic-tac . Nacido en  Cleveland ,  Ohio , E.E.U.U. 

¡Arrepiéntete, Arlequín!, dijo el señor Tic Tac de Harlan Ellison

Autor ilustración: Steranko Nunca falta quien pregunta: ¿De qué se trata? Para los que siempre necesitan preguntar, para aquellos a quienes siempre hay que decir las cosas con todas las letras, y que necesitan saber «dónde posan los pies», va esto: La mayoría de los hombres sirve al estado, no como hombres principalmente, sino como máquinas: con sus cuerpos. Son el ejército en pie, las milicias, los celadores, los policías, las fuerzas de la ley. En muchos casos, no hay ningún ejercicio libre del juicio, o del sentido moral; estos hombres se ponen al mismo nivel que la madera, la tierra y las piedras; acaso tal vez puedan fabricarse hombres de madera que sirvan a los mismos fines. No inspiran más respeto que un títere o que un trozo de tierra. Su valor es igual al de los perros o los caballos. Sin embargo, se les suele considerar buenos ciudadanos. Otros —en su mayoría legisladores, políticos, juristas, ministros y funcionarios— sirven al estado principalmente con su mente...

Los beneficios de la luna. - Charles Naudemaire

⤎ ⤏ La Luna, que por sí misma es capricho, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y dijo: Esa criatura me agrada. Y bajó quedamente por su escalera de nubes y pasó sin ruido a través de los cristales. Luego se tendió sobre ti con la flexible ternura de una madre, y depositó en tu faz sus colores. Tus pupilas se tornaron verdes y las mejillas sumamente pálidas. Frente a esa visita tus ojos se agrandaron excesivamente, y tan tiernamente te apretó la garganta que te dejó para siempre el deseo de llorar. Entretanto, en la expansión de su alegría, la Luna llenaba todo el cuarto como una atmósfera fosfórica, como un veneno luminoso; y toda aquella luz viva estaba pensando y diciendo: »Eternamente has de sentir el influjo de mi beso. Hermosa serás a mi manera. Querrás lo que yo quiera y lo que a mí me quiera: al agua, a las nubes, al silencio y a la noche; al mar inmenso y verde; al agua informe y multiforme; al lugar en donde no estés; al amante que no conozcas; a...

Cuando anochece en el parque. - M.R. James

M.R. James (1862-1936) Cuando anochece en el parque. Era la hora tardía y la noche clara. Me había detenido no lejos del Sheep's Bridge, meditando sobre la quietud que tan sólo rompía el murmullo de la presa, cuando sonó encima de mí un aullido trémulo y prolongado que me produjo un sobresalto. Siempre resulta molesto recibir un susto, pero yo siento una gran simpatía por los búhos. Y éste, evidentemente, estaba muy cerca; miré a mi alrededor. Allí estaba, gordo como una pelota, posado sobre una rama, a unos doce pies de altura. Le apunté con mi bastón y le dije: —Conque has sido tú. —Baje eso —dijo el búho—. Ya sé que no es más que un bastón, pero no me gusta. Sí, por supuesto, he sido yo. ¿Quién iba a ser, si no? Figuraos mis exclamaciones de asombro. Bajé el bastón. —Bueno —dijo el búho—, ¿qué pasa? Si se le ocurre a usted venir aquí en una noche veraniega como ésta, ¿qué espera? —Pues perdona —dije—, debí haberlo tenido en cuenta. Y permíteme ...

Los sauces - Algernon Blackwood

Los sauces. The Willows; Algernon Blackwood (1869-1951) Tras dejar Viena, y mucho antes de Budapest, el Danubio entra en una región de soledad y desolación. Sus aguas se dispersan, se torna un pantano de millas y millas, cubierto por un vasto mar de bajos arbustos de sauce. En los grandes mapas, esta zona esta pintada de un azul pálido, que se torna cada vez más desvaído a medida que abandona los bancos; y sobre todo esto puede verse la palabra sumpfe: marjales. En época de inundaciones, estos bancos de guijarros e islas tupidas de sauces quedan casi enteramente sumergidos bajo el agua; pero en temporadas normales los arbustos se doblan y crujen al impulso de los vientos, mostrando sus hojas plateadas en una planicie de belleza desconcertante, eternamente agitada. Los sauces nunca alcanzan la dignidad de árboles, no tienen troncos rígidos, permanecen como humildes arbustos, con copas redondeadas y suaves siluetas, oscilando sobre delgados troncos que respon...